Exhibition catalogue · Galería 1-2-3

Orlando Villatoro

Game On

Galería 1-2-3, San Salvador, El Salvador · 2026

Curated by Loliett M. Delachaux & Rigoberto Otaño Milián

The curatorial essay below is published in its original Spanish. An official English translation is forthcoming. Technical details for each work are given in English.

Essay

Instrucciones para una partida en curso

Comienza el juego

Querido lector, tienes dos caminos frente a ti. Pero nadie va a decirte por dónde continuar. A un lado reinan figuras extrañas, geometrías animales hechas sobre bastidores triangulares que se conectan. Al otro, piezas fragmentadas en retículas que parecen querer deslizarse hacia otra imagen. Antes de comenzar tu lectura piensa este momento como una pausa obligatoria, apenas unos segundos que puedes aprovechar para saber más sobre el artista y su muestra.

Orlando Villatoro nació en El Salvador en 1992, el año de los Acuerdos de Paz. Pertenece, por tanto, a la primera generación que no vivió la guerra, aunque creció entre sus consecuencias. En su obra, ha trabajado durante años un territorio en el que conviven la cultura popular, las tradiciones mesoamericanas, la pintura, la tecnología y los sistemas de representación. Su formación en arte, diseño gráfico, realidad aumentada y programación de videojuegos le otorgan una manera particular de pensar las imágenes, fragmentadas, codificadas, y recombinadas.

Game On parte de una idea sencilla, que ya ha merodeado antes por su obra: la Historia, más allá de un relato, también es un juego. Uno que creemos saber cómo funciona, aunque no exista un manual que nos muestre cuál es la combinación correcta. Con reglas cambiantes, jugadores que entran o abandonan repentinamente la partida, y piezas que no siempre encajan en su sitio.

Ahora empieza tu recorrido. Frente a ti verás dos caminos. No importa cuál elijas primero.

Voltea la hoja.

I

Otras formas de contar lo mismo

Querido lector, has elegido comenzar por aquí. O quizá llegas a esta parte después de haber recorrido el otro lado del texto. No importa. Aquí yace una pregunta distinta: ¿cómo puede un grupo de piezas, construidas a partir de figuras geométricamente idénticas, crear imágenes tan dispares? La Historia funciona de forma similar. Como en el juego del tangram, un mismo acontecimiento puede tomar tantas formas como lecturas hagamos de él.

Mira las imágenes a tu alrededor. A simple vista, reconoces la silueta de un pez, un ave o un felino, pero las figuras no son entidades completas: se construyen a partir de fragmentos que contienen vegetación, patrones geométricos, referencias de la cultura precolombina y dibujos animados. El reconocimiento ocurre antes que la explicación: primero ves el animal y después descubres que ese animal es el resultado de una operación de montaje. En Vuelo, por ejemplo, ocurre algo interesante. La mirada ascendente del dios griego incluso le otorga movimiento a la figura. El ave que reconoces o el recorrido que esperas de ella no está contenido de antemano en los pigmentos del acrílico. Aparece únicamente porque estas piezas han sido reorganizadas de una determinada manera.

En estas piezas Villatoro no sólo está empleando un recurso formal sino que pone en cuestión nuestra necesidad de encontrarle sentido a una imagen. Una vez que reconocemos al pez o al felino, la mirada tiende a olvidar aquello que lo compone. Sin embargo, la obra te obliga a sostener dos lecturas al mismo tiempo: puedes ver un animal, y simultáneamente la relación entre las piezas que hace posible que ese animal exista. ¿Pero no es ese acaso el juego de la Historia? Piensa, querido lector, que ningún acontecimiento llega hasta nosotros completamente desnudo. Lo recibimos a través de documentos, relatos y memorias, que luego agrupamos y establecemos sistemas entre ellos. Algunas conexiones se vuelven evidentes, otras desaparecen. Algunas piezas adquieren protagonismo y otras quedan relegadas al margen. El resultado puede parecer una imagen coherente aunque esa coherencia sea, en buena medida, producto del modo en que hemos organizado sus partes.

Para Hayden White, escribir Historia no consiste únicamente en reunir hechos, sino también en seleccionar, relacionar y configurar esos hechos dentro de una estructura narrativa. Quizás ahí esté una de las preguntas de Game On: ¿cuánto de lo que reconocemos pertenece realmente a aquello que estamos mirando y cuánto a la forma en que hemos aprendido a organizarlo?

Querido lector, mira otra vez el pez, ahora mira el felino. ¿Qué notas diferente? No han cambiado las piezas. Ha cambiado tu relación con ellas.

Si comenzaste por este fragmento de texto, gira la hoja, otra pregunta te espera.

Si ya tienes todas las respuestas, voltea la página.

Vuelo (Flight), Orlando Villatoro, 2026. Oil and acrylic on canvas, 195 × 200 cm (polyptych).

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Vuelo

Flight

2026

Oil and acrylic on canvas

195 × 200 cm (polyptych)

Caballito de Lagos (Little Horse of Lagos), Orlando Villatoro, 2026. Oil and acrylic on canvas, 145.5 × 208 cm (polyptych).

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Caballito de Lagos

Little Horse of Lagos

2026

Oil and acrylic on canvas

145.5 × 208 cm (polyptych)

Cuadrado (Square), Orlando Villatoro, 2026. Oil and acrylic on canvas, 100 × 100 cm (polyptych).

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Cuadrado

Square

2026

Oil and acrylic on canvas

100 × 100 cm (polyptych)

Pez espada (Swordfish), Orlando Villatoro, 2026. Oil and acrylic on canvas, 105 × 150 cm (polyptych).

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Pez espada

Swordfish

2026

Oil and acrylic on canvas

105 × 150 cm (polyptych)

Ave de guerra (War Bird), Orlando Villatoro, 2026. Oil and acrylic on canvas, 134 × 164 cm (polyptych).

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Ave de guerra

War Bird

2026

Oil and acrylic on canvas

134 × 164 cm (polyptych)

Felino (Feline), Orlando Villatoro, 2026. Oil and acrylic on canvas, 105.6 × 248 cm (polyptych).

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Felino

Feline

2026

Oil and acrylic on canvas

105.6 × 248 cm (polyptych)

II

Los silencios al margen del relato

Querido lector, has elegido comenzar por aquí. O quizá llegas hasta estas obras desde el otro extremo de la página. En cualquiera de los dos casos, detente un momento a pensar: ¿qué ocurre cuando intentas encajar las piezas para encontrar la “imagen correcta”?

En cada una de estas obras, el artista recrea la idea de un puzzle deslizante, hecho de fragmentos, épocas y relatos distintos. Obsérvalas. Seguramente identificas personajes, situaciones, referentes diversos que tu cabeza intenta combinar bajo cierta lógica. La imagen, como ya nos ha acostumbrado Orlando en su trabajo, parece siempre estar a medio camino entre algo que reconoces y algo que todavía tienes que reconstruir.

En Bananas de chac mool, por ejemplo, la pintura unifica elementos que provienen de la iconografía prehispánica y la imagen corporativa de una compañía estrechamente ligada a la historia económica y política de la región: The United Fruit Company. Pero en este rompecabezas también están representadas la supuesta inocencia de una figura de Disney, junto a la silueta de un arma de fuego, lo que inevitablemente le otorga una capa adicional de sentido. Así, el Chac Mool deja de ser únicamente una referencia arqueológica y la banana ya no es sólo una fruta. Al compartir espacio, ambos empiezan a hablar de otra historia, una de apropiaciones, comercio, territorio y representación. En piezas como ésta, pesa más lo que se callan que lo que cuentan.

Por eso, frente a las obras de Villatoro, quizá convenga preguntarse no sólo qué estamos viendo, sino qué ha quedado fuera de la representación. Así sucede en Neo cabeza de jaguar, por ejemplo: un formato tradicionalmente utilizado para retratos que mezcla en igualdad de condiciones a personajes icónicos de Disney, la cabeza de un jaguar precolombino, y al Pato Donald en su representación del Tío Sam (I want you). De esta forma, el rompecabezas deja de ser únicamente un juego de ingenio y se convierte en una forma de pensar la memoria.

Al intentar reconstruir el pasado trabajamos siempre desde una ausencia, desde ese recuadro vacío que nos permite reacomodar las piezas, pero que también nos recuerda que algo falta. Y sí, la Historia se hace a partir de fragmentos: documentos conservados, testimonios registrados e imágenes que han llegado hasta nosotros. Pero también está escrita con silencios, con todo aquello que ha desaparecido, que nunca fue registrado. Lo que llamamos Historia es, por tanto, una reconstrucción parcial que nunca contiene la totalidad de lo ocurrido.

Querido lector, ahora vuelve a mirar estas obras. Observa las figuras que reconoces. Juega un rato y piensa en los relatos que emergen de cada una a partir de los referentes que relacionan, pero también en los que habitan sus silencios y que muchas veces no sabemos dónde colocar.

Si comenzaste por este fragmento de texto, gira la hoja, otra pregunta te espera.

Si ya tienes todas las respuestas, voltea la página.

Neo cabeza de jaguar (Neo Jaguar Head), Orlando Villatoro, 2026. Oil and acrylic on PLA, 106 × 106 cm.

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Neo cabeza de jaguar

Neo Jaguar Head

2026

Oil and acrylic on PLA

106 × 106 cm

Neo Blanca Nieves (Neo Snow White), Orlando Villatoro, 2026. Oil and acrylic on canvas, 100 × 80 cm.

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Neo Blanca Nieves

Neo Snow White

2026

Oil and acrylic on canvas

100 × 80 cm

The Backyard Dog (Xoloitzcuintle), Orlando Villatoro, 2026. Oil and acrylic on canvas, 100 × 200 cm.

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The Backyard Dog (Xoloitzcuintle)

2026

Oil and acrylic on canvas

100 × 200 cm

Bananas de chac mool (Chac Mool Bananas), Orlando Villatoro, 2026. Oil and acrylic on canvas, 100 × 175 cm.

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Bananas de chac mool

Chac Mool Bananas

2026

Oil and acrylic on canvas

100 × 175 cm

El gobernante (The Ruler), Orlando Villatoro, 2026. Oil and acrylic on canvas, 135 × 108 cm.

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El gobernante

The Ruler

2026

Oil and acrylic on canvas

135 × 108 cm

Isabel, Orlando Villatoro, 2026. Oil and acrylic on canvas, 62.5 × 50 cm.

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Isabel

2026

Oil and acrylic on canvas

62.5 × 50 cm

Alicia con el jaguar de Rastrojón (Alice with the Jaguar of Rastrojón), Orlando Villatoro, 2026. Bas-relief in 3D-printed polymer, 86 × 86 cm.

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Alicia con el jaguar de Rastrojón

Alice with the Jaguar of Rastrojón

2026

Bas-relief in 3D-printed polymer

86 × 86 cm

III

El rastro inevitable de la memoria

Querido lector, sin importar desde dónde vengas, aquí se unen los dos recorridos.

Una serpiente se asoma desde el lugar más profundo de la sala, casi escondida. Y aunque quizás ha llegado a ese punto deslizándose por toda la exposición, rodeándote y creciendo en cada movimiento; lo cierto es que no tienes más remedio que seguirla, que intentar darle un sentido. No estás ante una imagen, sino ante una secuencia en la que cada fragmento parece continuar al anterior y, al mismo tiempo, modificarla. Bajo los recuadros, una segunda piel emerge dibujada a modo de guía visual y referencia ineludible al gran Quetzalcóatl. Pero también nos recuerda a Snake, aquel juego que una generación asocia inevitablemente con los teléfonos Nokia. En la versión que Taneli Armanto diseñó para el Nokia 6110 en 1997, la regla era elemental: avanzar, comer y crecer. Cada nuevo fragmento del recorrido se incorporaba al anterior hasta formar una línea que eventualmente terminaría encontrándose consigo misma.

Con esta pieza Villatoro introduce otra concepción del tiempo: una en la que el pasado no queda simplemente detrás de nosotros, sino que deja un rastro que inevitablemente puede reaparecer, transformado en el presente. La serpiente no encarna aquí únicamente un desplazamiento hacia delante. Es también retorno, transformación y continuidad.

Pero quizá lo más importante esté en su recorrido. Querido lector, hasta ahora has observado fragmentos, has establecido relaciones entre diferentes imágenes y has intentado reconstruir aquello que parecía esconderse detrás de ellas. Ahora ese sentido proviene del espacio. La Historia que parecía avanzar de una pieza a la siguiente abandona el plano y trepa por las paredes, gira sobre sí misma y termina pasando por encima de tu cabeza. Lo que parecía una línea acaba convirtiéndose en un recorrido que te devuelve al lugar del que partiste.

La serpiente puede leerse como la secuencia de fragmentos dispares que conforman la Historia, un recorrido que imaginamos lineal y predeterminado, pero que sólo podemos reconstruir a partir de las huellas que permanecen en él. En ese proceso surge una paradoja: al seguir su rastro (el de la Historia) también lo estamos trazando, pues cada pieza incorporada, cada ausencia y cada conexión establecida transforma la totalidad del relato, otorgándole una dirección nueva, que quizá siempre existió de antemano.

Querido lector, la partida continúa.

Snake (Quetzalcoatl), Orlando Villatoro, 2026. Oil and acrylic on canvas, Dimensions variable; polyptych of 30 × 30 cm panels.

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Snake (Quetzalcoatl)

2026

Oil and acrylic on canvas

Dimensions variable; polyptych of 30 × 30 cm panels

IV

Las reglas de un juego infinito

Querido lector, mira de nuevo las figuras animales, detente ante Vuelo. Regresa a Bananas de chac mool, a El gobernante. Después busca la serpiente. Quizá ahora puedas reconocer gestos que coinciden en todas ellas: que una figura puede contener otras imágenes; que una misma referencia puede cambiar de contexto; que una historia emerge no sólo de lo que muestra, sino también de lo que omite. Si algo es posible decir de la Historia, es que con el paso de los siglos, las reglas del juego han cambiado poco.

Ese es quizá el argumento principal de Game On: reconocer y, al mismo tiempo, desconfiar de aquello que damos por sentado. Porque la exposición no cuestiona que el pasado haya ocurrido, sino la naturalidad de las formas con las que lo hacemos legible; los mecanismos con que construimos y ordenamos las imágenes que han llegado hasta nosotros; la legitimidad de un relato que se promete absoluto, pero que resulta inevitablemente parcial.

Querido lector. Ya en el final de la partida, si algo queda claro de este juego que llamamos Historia, con tantas reglas y jugadas posibles, es que una vez que somos conscientes de su existencia, ya no podremos dejar de seguir jugando.

Fin de la partida

LMD & ROM

Curadores