Corazón de Guarumo

Walterio Iraheta expone en Guatemala

Staff Galeria 1-2-3
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23.02.2026

La exposición de Walterio Iraheta "Corazón de Guarumo", ya desde su título porta una metáfora de largo alcance. El guarumo —*Cecropia*, árbol de crecimiento rápido, colonizador omnipresente en la selva mesoamericana— no es una imagen decorativa. En la práctica de Walterio Iraheta, es un sistema conceptual: la vegetación que emerge donde el orden establecido ha sido interrumpido. La muestra, presentada en Punto D Contemporáneo en el corazón histórico de Ciudad de Guatemala, integra fotografía e instalación en una experiencia que cuestiona la forma en que percibimos el entorno natural y, por extensión, el lugar desde el que lo observamos. Este hecho, más allá de la cronística cultural, confirma que los artistas salvadoreños con trayectoria sólida y lenguaje propio encuentran, cada vez con mayor frecuencia, espacios de resonancia fuera de sus fronteras nacionales.

El guarumo como sistema: la obra y su metodología

La práctica de Iraheta se ha construido sobre una premisa constante: los objetos y los entornos —aquellos que la cultura hegemónica produce, consume y desecha— contienen memorias que el ojo entrenado puede articular. En exposiciones anteriores, esta metodología se ha manifestado a través del collage, los objetos encontrados y la fotografía como archivo emocional. Por ejemplo, en "La persistencia del amarillo" (Galería 1-2-3, diciembre 2024), el artista trabajó con el color como materia de memoria, construyendo un campo visual donde el grafito y el collage se tiñeron de luz cálida y nostalgia gráfica.

"Corazón de Guarumo" desplaza el foco desde el interior —la memoria personal, los objetos domésticos— hacia el afuera: el paisaje vegetal, la naturaleza como texto a descifrar. La fotografía e instalación se combinan aquí para crear fricciones entre lo observado y el acto de observar. El guarumo, árbol que crece en los márgenes, en los bordes de lo cultivado, se convierte en tropo de una pregunta más amplia: ¿qué miramos cuando decimos que miramos naturaleza? ¿Qué proyecciones culturales, miedos o romanticismos superponemos sobre el mundo vegetal?

Esta continuidad y ruptura simultáneas con su práctica anterior revelan a un artista que no repite recetas, sino que profundiza en una misma interrogante desde ángulos distintos.

Punto D Contemporáneo: el escenario y su significado

La elección del espacio de exhibición no es accidental. Punto D Contemporáneo fue fundada en 2023 por David Urbina —curador con dos décadas de trabajo en Sol del Río, una de las galerías más influyentes de Guatemala—, y en apenas tres años de operación ha apostado por un programa riguroso que dialoga con la escena guatemalteca y con artistas de la región.

Guatemala no es un escenario periférico para el arte centroamericano. Es, histórica e institucionalmente, uno de sus núcleos: la Bienal de Arte Paiz —activa desde 1998 y referente del circuito regional— y la Bienal del Istmo Centroamericano han funcionado durante décadas como plataformas de visibilidad para artistas de toda la región. Cuando un artista salvadoreño expone en Ciudad de Guatemala, no está realizando un intercambio de cortesía: está entrando en un diálogo con una escena que tiene sus propios criterios, su propia historia y su propia exigencia curatorial.

La presencia de Iraheta en Punto D Contemporáneo es, en este sentido, un indicador de que su trabajo sostiene una conversación más allá del contexto en que fue producido, que sus preguntas sobre naturaleza, percepción y memoria tienen pertinencia en un ecosistema artístico más amplio.

El arte salvadoreño en el circuito regional

El caso de Iraheta no es aislado, pero sí es representativo de un fenómeno en curso: artistas salvadoreños con trayectoria consolidada —muchos de ellos formados y acompañados por galerías que durante años apostaron por construir sus carreras con rigor y paciencia— están encontrando espacios de exhibición, residencias y reconocimiento en otras zonas de la región centroamericana. Este desplazamiento no ocurre por generación espontánea. Requiere una estructura: un historial expositivo coherente, un lenguaje identificable, materiales de presentación, relaciones institucionales.

Las galerías que han invertido en construir ese andamiaje durante años son parte inseparable del fenómeno. Desde Galería 1-2-3 observamos este momento con la satisfacción de quien reconoce en el trabajo de un artista la consolidación de un proceso largo, compartido, construido palmo a palmo. Más espacios independientes, más curadores con visión regional, más ferias y bienales que conectan escenas que antes se desconocían entre sí. En ese contexto, la movilidad de artistas como Iraheta es síntoma de que las estructuras de soporte —galerías, coleccionistas, instituciones— están funcionando.

Lo que crece en los márgenes

El guarumo crece donde el bosque primario fue talado, donde el orden fue interrumpido. No es un árbol de jardines ni de invernaderos. Es un árbol de bordes, de claros, de espacios que otros abandonaron. Que Walterio Iraheta lo coloque en el centro de una exposición en 2026, en una ciudad que no es la suya pero que conoce sus preguntas, dice algo sobre la naturaleza del arte que lo impulsa. El arte salvadoreño lleva décadas creciendo en los márgenes de un circuito internacional que tardó en prestarle atención. Quizás "Corazón de Guarumo" sea también eso.

Por:  
Staff Galeria 1-2-3

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