Venecia 2026

El arte "In Minor Keys"

Staff Galeria 1-2-3
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11.04.2026

El próximo 9 de mayo, la 61ª Exposición Internacional de Arte de la Bienal de Venecia abrirá sus puertas bajo un título que es también una declaración de principios: In Minor Keys. No se trata de una bienal menor, sino de una que reivindica lo menor como posición estética y política. Su curadora, Koyo Kouoh, no estará presente para verla: falleció el 10 de mayo de 2025, apenas semanas después de haber definido el marco conceptual, seleccionado a los 111 artistas participantes y diseñado la arquitectura expositiva. La Bienal de Venecia decidió ejecutar su proyecto tal como ella lo concibió, sin nombrar un sustituto. Lo que se verá en Giardini y el Arsenale entre mayo y noviembre de 2026 es, en sentido estricto, una obra curatorial póstuma.

Una partitura para tiempos ruidosos

Koyo Kouoh, curadora de la 61 edición de la Bienal de Venecia

Kouoh propuso, en el texto curatorial que envió al presidente de la Bienal el 8 de abril de 2025, cambiar de marcha y sintonizar frecuencias que normalmente quedan sepultadas bajo el ruido. Las tonalidades menores, escribió, rechazan la grandilocuencia y cobran vida en los tonos tranquilos, los consuelos de la poesía, los canturreos que acompañan el trabajo cotidiano. No se trata de evasión: la Bienal no pretende ignorar las crisis que atraviesan el mundo, sino proponer una reconexión con lo que Kouoh describió como el hábitat natural del arte —lo emocional, lo sensorial, lo subjetivo.

La exposición se articula alrededor de motivos que emergen de las propias obras: conceptos como Shrines (santuarios), Procession (procesión) o Schools (escuelas) construyen un recorrido no lineal, donde el visitante se mueve entre resonancias más que entre categorías. Kouoh citó entre sus referencias literarias Cien años de soledad de García Márquez y Beloved de Toni Morrison, textos que comparten un registro donde lo mágico no distrae sino que profundiza en lo emocional. La decisión de no nombrar un nuevo curador tras su muerte refuerza el carácter de esta edición: es un acto de confianza institucional en la visión de una persona, y un reconocimiento de que esa visión estaba completa.

Latinoamérica en los pabellones: memoria, territorio, resistencia

Antonio José Guzmán e Iva Jankovic, artistas de Hiperstición tropical, representantes del Pabellón Nacional de Panamá

La presencia latinoamericana en Venecia 2026 es amplia y coherente con el tono de In Minor Keys. Argentina presenta Monitor Yin Yang, de Matías Duville, un dibujo monumental realizado con sal y carbón que cubre el suelo del pabellón en el Arsenale. La pieza evoca paisajes desolados y atmósferas previas al cataclismo, ejecutada con una destreza en carbonilla que ha definido la trayectoria de Duville durante dos décadas. La curaduría de Josefina Barcia fue seleccionada por un jurado que incluyó, entre otros, al director artístico del MALBA y a la presidenta de Fundación PROA.

Brasil llega con una propuesta de peso: Rosana Paulino y Adriana Varejão bajo el título Comigo ninguém pode, curado por Diane Lima. Chile presenta a Norton Maza con Inter-Reality, un proyecto curado por Dermis León y Marisa Caichiolo. Ecuador marca un hito al enviar al Colectivo Tawna —integrado por artistas sáparas, kichwas y mestizos— con narrativas amazónicas que articulan video, fotografía y archivo vivo como formas de defensa territorial.

Panamá, por su parte, consolida una presencia que comenzó apenas en 2024 con su primer pabellón nacional —un debut que atrajo más de 45.000 visitantes en ocho meses—. En esta segunda participación, el dúo Mensajeros del Sol (Antonio José Guzmán e Iva Jankovic) presenta Hiperstición tropical, una instalación que entrelaza textiles, sonido y archivo para explorar las memorias de desplazamiento vinculadas a la construcción del Canal. En el centro de la obra, una hamaca monumental tejida con tela teñida en índigo —material ligado históricamente a economías coloniales y migraciones transatlánticas— propone una reflexión sobre territorio, migración y memoria colectiva. La curaduría está a cargo de Ana Elizabeth González y Mónica E. Kupfer, con el respaldo del Ministerio de Cultura, el Museo del Canal de Panamá y la Fundación Ciudad del Saber. Que un país centroamericano sostenga un pabellón nacional por segunda edición consecutiva no es un dato menor: es una señal de que la institucionalización de estas presencias está en marcha.

Uruguay exhibe Antifragile, una instalación de Margaret Whyte en los Giardini, y Perú confirma la participación de una artista shipibo-konibo que trabaja desde el kené, sistema de diseño ancestral. Lo que comparten estos pabellones no es un estilo sino una posición: la reivindicación de saberes y territorios que el sistema del arte global ha tratado históricamente como secundarios. La Bienal 2024, dirigida por el brasileño Adriano Pedrosa bajo el lema Stranieri Ovunque (Extranjeros en todas partes), ya había abierto esa puerta con más de cien artistas latinoamericanos. La edición de 2026 la profundiza con un matiz: no se trata solo de estar presente, sino de que el marco curatorial mismo valide lo marginal como centro.

Lo menor como oportunidad estructural

Para las escenas artísticas centroamericanas, In Minor Keys plantea una pregunta que trasciende los siete meses de la Bienal: si el sistema del arte global está dispuesto a operar en frecuencias bajas, ¿qué espacio se abre para prácticas que han trabajado desde esas frecuencias por necesidad y no por elección?

Centroamérica ha construido su presencia internacional desde la escasez de infraestructura institucional, no a pesar de ella. La Bienal Paiz en Guatemala, las exposiciones itinerantes entre San Salvador, Ciudad de Guatemala y San José, el trabajo de galerías que sostienen nóminas de artistas sin el respaldo de grandes colecciones públicas: todo esto opera en el registro que Kouoh describió con precisión —tonos tranquilos, frecuencias bajas, resistencia sin estridencia.

La coincidencia no es menor: dos de las grandes bienales recientes han sido dirigidas por figuras africanas con pensamiento decolonial —Bonaventure Soh Bejeng Ndikung en São Paulo 2025, Koyo Kouoh en Venecia 2026—, y ambas han priorizado lo sensible sobre lo espectacular, lo comunitario sobre lo individual, lo procesual sobre lo objetual. Si este giro se consolida, las escenas que operan naturalmente en ese registro podrían encontrar no solo visibilidad, sino legitimidad curatorial.

Venecia 2026 inaugura en menos de un mes. Lo que se verá allí no es solo el legado de una curadora extraordinaria, sino una prueba de si el arte contemporáneo puede sostener, más allá de una edición, la decisión de escuchar lo que normalmente queda en segundo plano.

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Staff Galeria 1-2-3

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