En el marco de la exhibición de las series Los Caprichos de Francisco de Goya y Les Caprices de Goya de Salvador Dalí, presentada en el Museo de Arte de El Salvador (MARTE), Galería 1-2-3 amplía el diálogo histórico hacia el contexto contemporáneo salvadoreño, integrando una respuesta local que activa nuevas lecturas sobre estas obras fundamentales.
El Museo de Arte de El Salvador (MARTE) presenta "Miradas Complementarias: Goya, Dalí y otras visiones", la primera exposición que reúne las series completas de Francisco de Goya y Salvador Dalí en Centroamérica—160 obras de la Colección Ortiz Gurdián que construyen un diálogo transhistórico sobre el poder, la hipocresía y la condición humana.
Imaginemos la escena: un hombre dormido sobre su escritorio, rodeado de criaturas nocturnas—murciélagos, búhos, un lince acechante. Sobre él, la inscripción: "El sueño de la razón produce monstruos". Es el Capricho 43 de Francisco de Goya, grabado en 1799, y quizá la imagen más icónica de la crítica social europea del siglo XVIII. Casi dos siglos después, Salvador Dalí reinterpretaría esa misma composición, añadiendo su propio bestiario surrealista: relojes derretidos, figuras alargadas, el caos onírico característico de su vocabulario visual.
.jpg)
¿Qué ocurre cuando dos genios separados por 178 años dialogan sobre los mismos demonios humanos? La exposición que se inaugurará en el MARTE el próximo 17 de febrero responde esa pregunta con 160 obras procedentes de la Colección Ortiz Gurdián, una de las más importantes de arte europeo en Latinoamérica.
Cuando Francisco de Goya publica "Los Caprichos" en 1799, España vive una profunda contradicción. Es la época de la Ilustración—la razón, la ciencia, el progreso—pero también de la Inquisición, la superstición popular y la hipocresía clerical. Goya, pintor de cámara de Carlos IV, decide crear 80 grabados que funcionan como crónica satírica de su tiempo.
La técnica elegida—aguafuerte y aguatinta—permite una riqueza de tonos grises y negros que acentúa lo grotesco. Aristócratas con cabezas de burro, brujas volando hacia aquelarres, clérigos glotones devorando fortunas. No son fantasías arbitrarias: cada Capricho es una crítica encubierta. El grabado 39 muestra un burro consultando su árbol genealógico, sátira directa contra la nobleza que presume linaje sin mérito. El número 52 representa frailes convertidos en bestias durante un banquete, denuncia de la corrupción eclesiástica.
Enfrentado a la censura y al temor de represalias de la Inquisición, Goya retiró la serie de circulación apenas dos semanas después de su publicación. No obstante, su potencia visual y su crítica mordaz perdurarían como un parteaguas en el tránsito hacia el arte moderno: Los Caprichos marcaron un alejamiento del neoclasicismo y abrieron el camino al Romanticismo, al simbolismo y, más tarde, a lo que André Malraux reconocería como una veta precursora del surrealismo.

Entre 1973 y 1977, Dalí emprendió una tarea singular: partiendo de reproducciones heliográficas de los grabados originales, los reelaboró con punta seca y color aplicado a mano con esténcil, integrando su universo simbólico personal: relojes blandos, calaveras, criaturas mutantes. Dalí no quiso borrar a Goya: conservó personajes y composiciones, firmó junto al maestro aragonés y reformuló muchos de los títulos. Lo que en Goya era sátira política, en Dalí se vuelve desvarío psicológico. El resultado es una serie paralela que funciona como espejo distorsionado: las mismas composiciones, los mismos temas, pero atravesados por el psicoanálisis freudiano y el simbolismo daliniano.

Donde Goya dibuja monstruos sociales—la ignorancia, la codicia, el fanatismo—Dalí añade dimensiones oníricas. Sus figuras se alargan, se derriten, se fragmentan. Los murciélagos de Goya se convierten en criaturas amorfas que parecen emerger del inconsciente. El burro genealogista adquiere texturas casi orgánicas, como si la sátira política de Goya mutara en reflexión sobre la identidad y el ego.
Lo fascinante no es que Dalí "copie" a Goya, sino que establece un diálogo. Ambos artistas comparten obsesiones: la crítica al poder, la fascinación por lo grotesco, el uso del arte como espejo deformante de la realidad. Pero sus épocas son distintas. Goya trabaja desde la Ilustración racionalista; Dalí, desde el surrealismo que busca liberar el inconsciente. Goya denuncia la superstición; Dalí la explora como territorio estético. Ver ambas series juntas—como propone MARTE—permite entender que el arte no es una línea cronológica, sino una conversación continua. Los caprichos de 1799 siguen vigentes en 1977. Y probablemente en 2026.
Que estas 160 obras lleguen a El Salvador no es casualidad. La Fundación Ortiz Gurdián, con sede en Nicaragua, ha construido durante décadas una de las colecciones de arte europeo más importantes de América Latina. Junto a Goya y Dalí, su acervo incluye obras de Picasso, Miró, Chagall y Marc—un patrimonio que raramente se exhibe fuera de circuitos museísticos tradicionales. Fundada en 1996 por los empresarios y coleccionistas nicaragüenses Patricia Gurdián de Ortiz y Ramiro Ortiz Mayorga, la Fundación Ortiz Gurdián nació como una institución sin fines de lucro dedicada a potenciar el desarrollo cultural de Nicaragua. Lo que comenzó como un compromiso personal con el patrimonio artístico se transformó rápidamente en un motor de cambio, estableciendo las bases para un ecosistema cultural más robusto y conectado con las tendencias globales.
Su impacto se consolidó a través de la creación de la Bienal de Artes Visuales, una plataforma que no solo profesionalizó la escena local, sino que trascendió fronteras. Gracias a la sinergia con otras organizaciones regionales, la Fundación fue clave en el nacimiento de la Bienal del Istmo Centroamericano, logrando proyectar el talento regional hacia el plano internacional. Con casi una decena de ediciones celebradas, la institución continúa siendo un referente imprescindible para el estudio y la difusión del arte contemporáneo en la región.

El compromiso de la fundación con la difusión cultural en Centroamérica encuentra en MARTE el espacio ideal. El museo salvadoreño ha consolidado en los últimos años una programación que combina arte local con exposiciones internacionales de primer nivel. Apenas el año pasado presentó "San Salvador 500 años", analizando la fundación de San Salvador desde el arte contemporáneo. Ahora, con Goya y Dalí, reafirma su capacidad para traer patrimonio europeo histórico a la región.

El patrocinio de Banco Promerica—que celebra 30 años en El Salvador—refuerza esta dinámica. Estamos ante instituciones que entienden el arte como construcción de capital cultural. Con iniciativas como esta, MARTE se confirma como un referente regional capaz de presentar obras que, en otras latitudes, solo se verían en el Prado o el MoMA. La curaduría de la muestra ha sido concebida por Jaime Izaguirre (MARTE) y Federico Fernández (Obra Cultural de FUNIBER), quienes diseñaron un recorrido que no se limita a exhibir los grabados, sino que los organiza como experiencia educativa accesible para públicos diversos.
En El Salvador, el MARTE asume el reto de ser un espacio no solo de exhibición, sino de aprendizaje y reflexión. Por ello, la muestra se estructura en tres fases curatoriales:

La primera utiliza un personaje como eje narrativo: inspirados en la lógica del cómic y la caricatura, los grabados se agrupan por afinidad temática y visual, facilitando un recorrido intuitivo y memorable.
La segunda fase, "inversos pero complementarios", confronta directamente la mirada racional y crítica de Goya con el mundo onírico y desbordante de Dalí. Ambos artistas, opuestos en enfoque, se complementan al revelar desde ángulos distintos los absurdos y contradicciones de la condición humana.
La tercera fase construye un puente con lo local: ocho artistas salvadoreños de distintas generaciones, trayectorias y lenguajes—desde las artes plásticas hasta el grafiti y el tatuaje—fueron invitados a reinterpretar libremente algunos grabados. Los artistas participantes son Eduardo Doñan (Pollo Loco), Carlos Joaquín Mazariegos Orellana (Deffie Mazariego), Juan Carlos Lazo Tablas, Rolando Monterrosa, Gerardo Gómez, Juan Morales (Juan Moru), Nicole Ayala (Nico Ayala) y Sonia Hernández (Hospital de Calcetos). Su participación enriquece la muestra con nuevas voces y genera vínculos directos con públicos locales, amplificando el diálogo entre obra, espectador y contexto.
Como parte de esta apuesta educativa, se han creado diez grabados originales inspirados en personajes y detalles de las obras de Goya y Dalí. Éstos funcionan como estaciones del recorrido: cada visitante puede sellarlos en una página que recibe al ingresar, construyendo así su propio recuerdo de la exposición mientras explora la muestra de forma activa.

Volver a Goya en pleno siglo XXI no es ejercicio nostálgico. Sus "Caprichos" siguen siendo inquietantemente actuales: la corrupción institucional, la codicia que se disfraza de mérito. Los monstruos que produce "el sueño de la razón" no han desaparecido; simplemente han cambiado de forma. Dalí lo entendió en 1977, y MARTE lo entiende ahora. El arte no documenta el pasado: confronta el presente. Ver estas 160 obras es confrontarnos con nuestras propias hipocresías, los caprichos de nuestra época. ¿Qué dirían Goya y Dalí de la sobreproducción de imágenes en redes sociales? ¿De la desinformación convertida en espectáculo? Probablemente grabarían nuevos caprichos.
Exposición: "Miradas Complementarias: Goya, Dalí y otras visiones"
Lugar: Museo de Arte de El Salvador (MARTE), San Salvador
Inauguración: 17 de febrero de 2026
Obras: 160 grabados (80 de Goya, 80 de Dalí)
Procedencia: Colección Ortiz Gurdián
Patrocinio: Banco Promerica El Salvador (30° aniversario)