.png)
Una de las conversaciones que más resuena entre galeristas, coleccionistas y artistas no tiene que ver con precios ni tendencias estéticas, sino con una inquietud más profunda: ¿cómo proteger la creación humana cuando las máquinas pueden imitarla?
Este artículo no pretende dar respuestas definitivas —nadie las tiene aún—, pero sí trazar un mapa de lo que está ocurriendo, para que cada artista, coleccionista y amante del arte pueda formarse su propio criterio.
.png)
El 2 de marzo de 2026, la Corte Suprema de Estados Unidos rechazó escuchar la apelación de Stephen Thaler, un científico informático y físico que buscaba registrar como obra protegida una imagen generada de forma autónoma por su sistema de inteligencia artificial DABUS1. Con esta decisión, el máximo tribunal dejó intactos los fallos de instancias inferiores que establecen que las obras creadas exclusivamente por IA no pueden recibir protección de derechos de autor en ese país.
La Oficina de Derechos de Autor de EE.UU. ha sido clara: la autoría humana es un requisito esencial. Sin embargo, ha matizado que sí es posible registrar obras que incorporen elementos generados por IA, siempre que exista una contribución creativa humana significativa —por ejemplo, en la selección, arreglo o edición del resultado final2.
Por otro lado, la Unión Europea ha tomado un camino diferente. A partir de 2026, el AI Act europeo obliga a las empresas de IA a revelar las fuentes de datos utilizadas para entrenar sus modelos, respetar las exclusiones de copyright solicitadas por los creadores, y etiquetar claramente todo contenido generado por inteligencia artificial. Las sanciones por incumplimiento pueden alcanzar los 15 millones de euros o el 3% de la facturación global3.
En medio de todo este debate, los tribunales de Estados Unidos tienen ante sí docenas de demandas que giran alrededor de una pregunta central: ¿las empresas de IA pueden utilizar obras con derechos de autor para entrenar sus modelos sin pagar ni pedir permiso?4 Los defensores de la industria tecnológica argumentan que se trata de un uso transformativo5. Los artistas y editores sostienen que es una apropiación masiva sin precedentes, aunque 2026 podría ser el año en que se defina el rumbo de esta disputa.
.png)
En enero de 2023, tres ilustradoras —Sarah Andersen, Kelly McKernan y Karla Ortiz— presentaron una demanda colectiva contra Stability AI, Midjourney y DeviantArt, alegando que estas empresas utilizaron miles de millones de imágenes protegidas para entrenar sus generadores de imágenes sin consentimiento ni compensación. La demanda fue una de las primeras acciones legales de artistas contra compañías de IA generativa, y abrió la puerta a decenas de casos similares.6 En agosto de 2024, un juez federal permitió que las reclamaciones de infracción directa de derechos de autor avanzaran hacia la fase de descubrimiento, lo que los artistas consideraron una victoria significativa.
Mientras los tribunales avanzan lentamente, un equipo de la Universidad de Chicago liderado por el profesor Ben Zhao desarrolló dos herramientas gratuitas que permiten a los artistas proteger su trabajo de forma directa7:
Las dos herramientas han superado el millón de descargas y representan una forma de resistencia creativa en un panorama donde la regulación aún no alcanza a la tecnología.
.png)
En diciembre de 2025, Disney y OpenAI anunciaron un acuerdo sin precedentes: Disney invirtió 1.000 millones de dólares en OpenAI y licenció más de 200 personajes de Disney, Pixar, Marvel y Star Wars para su uso en Sora, la plataforma de generación de video de OpenAI. A partir de 2026, los usuarios de Sora pueden crear videos cortos con estos personajes icónicos.8
Pero hay una lectura más profunda que el titular. El mismo día del acuerdo, Disney envió una carta de cese y desistimiento a Google por usar sus personajes sin autorización en modelos de IA. La estrategia es clara: licenciar con quien pagas, demandar a quien no.
Para los artistas independientes, la lección es agridulce. Como señalaron varios analistas, este acuerdo demuestra que las empresas de IA sí reconocen el valor de la propiedad intelectual… cuando se trata de corporaciones con el poder de negociación y los abogados necesarios para sentarse a la mesa.9
Mientras el debate legal se desarrolla, algunas plataformas han decidido trazar sus propias líneas. Bandcamp, la popular plataforma de distribución musical, anunció una política que prohíbe la música generada total o sustancialmente por IA, con el objetivo de proteger la creatividad humana y la confianza de los fans. También prohibió el uso de herramientas de IA para imitar a otros artistas.10
Este tipo de decisiones empresariales están, en la práctica, estableciendo normas donde la ley aún no llega, y reflejan una tendencia creciente: la demanda de autenticidad humana en un mercado saturado de contenido generado artificialmente.
.png)
Para los artistas, hay un par de estrategias de resistencia que se recomiendan seguir en estos tiempos de tanta incertidumbre.
Por otro lado, resulta revelador que, según el análisis de tendencias de Saatchi Art para 2026, una de las señales más claras del mercado es la creciente preferencia de los coleccionistas por obras que evidencian la mano del artista. En un mundo inundado de imágenes generadas por algoritmos, lo artesanal, lo imperfecto, lo que tiene la textura de lo humano, se ha convertido paradójicamente en algo más valioso.11