Conoce a Mario López Vega

Creador detrás de la exposición Geometría sagrada

Staff Galeria 1-2-3
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20.05.2026

Panchimalco está a quince kilómetros del centro de San Salvador, pero funciona como otro mundo. Es uno de los asentamientos con mayor presencia de herencia indígena Nahua-Pipil en El Salvador, con una tradición artesanal que se remonta siglos y un ecosistema de artistas que, desde hace décadas, ha producido figuras relevantes para la escena nacional. Ahí nació Mario López Vega el 11 de febrero de 1990. Ahí aprendió a esculpir. Y ahí sigue teniendo su taller, rodeado de las más de veinte esculturas suyas que están instaladas en la alcaldía, la casa de la cultura y las calles del municipio.

En mayo de 2026, mientras su exposición A lomo de serpiente sigue abierta en el Museo de Arte de El Salvador (MARTE), Galería 1-2-3 presentará Geometría sagrada, una muestra curada por Walterio Iraheta, que condensa la fase más reciente de su trabajo. Para entender de dónde viene esta obra, conviene recorrer el camino.

Los primeros contactos con el volumen

López Vega creció en un entorno donde el trabajo con las manos era cotidiano. Panchimalco tiene talleres de cerámica, tradición alfarera y una relación con la tierra que no es abstracta sino funcional. Segundo de cuatro hermanos, hijo de María Magdalena y Juan Antonio, ambos comerciantes de ropa, su contacto con el dibujo comenzó a los seis años, guiado por su hermano mayor Juan. Pero fueron las piedras las que lo cautivaron.

En 2007, a los diecisiete años, ingresó a la Casa Taller Encuentros de Panchimalco, el espacio fundado por el pintor Miguel Ángel Ramírez donde varias generaciones de artistas salvadoreños han dado sus primeros pasos. En 2009 comenzó la talla directa sobre piedra. Estudió escultura en la Escuela de Artes de la Universidad de El Salvador bajo la dirección de Napoleón Alberto, y trabajó con el escultor y arquitecto Rubén Martínez. En 2010, con veinte años, ganó el primer lugar de escultura en el Festival Internacional de Escultura del Liceo Francés en El Salvador. En 2012, el programa La Cancha del Arte de Canal 10 lo reconoció como Mejor Artista Visual del año en la rama de escultura. A los veintidós años ya era un nombre en la escena salvadoreña.

De Panchimalco a Moscú

En 2015 obtuvo una beca para estudiar en la Universidad Estatal de Arte e Industria de Gzhel, en la provincia de Moscú. Allí se especializó en cerámica escultórica y diseño artístico durante tres años, y obtuvo el premio único de su promoción. Regresó a Rusia en dos ocasiones más para talleres y residencias. La experiencia le dio acceso a una tradición escultórica diferente a la centroamericana, pero también le confirmó algo que el ensayo publicado por la revista Terremoto en 2021 articula con claridad: que la estética sobria y el nivel de abstracción de sus piezas tienen su referencia más directa en las esculturas y petrograbados diseminados en sitios arqueológicos del territorio salvadoreño, no en la escultura abstracta moderna europea o estadounidense. Reconocer esas referencias, argumenta Terremoto, es un ejercicio necesario de descolonización visual.

De regreso en Panchimalco, López Vega trabajó con piedras de basalto recogidas del río Pansinte, cerca de su casa, y con ónix extraído de las canteras de Metapán, en Santa Ana. Sus herramientas: cinceles, martillos, lijas y pulidoras. Ha producido más de cien esculturas, organizadas en series con hilo conductor. Fragmentos y dualidades trabaja rostros agrietados. Yawal parte de la forma circular del objeto Nahua utilizado para sostener cántaros de barro — forma vinculada, en la cosmovisión Nahua-Pipil, a los ciclos de vida y muerte. El artista ha contado que esta conexión proviene de conversaciones con ancianos de Panchimalco, lo que convierte su proceso creativo en parte de una genealogía oral que se extiende generaciones atrás.

La transición: del basalto al acero plegado

Los años de talla directa sobre piedra fueron de enorme exigencia física. Cada obra podía llevar semanas o meses. Algunas piezas pesaban toneladas y requerían grúa para ser transportadas. En algún momento, el cuerpo pidió un cambio de registro. Lo que siguió no fue un retiro sino una transformación.

López Vega reconectó con las tradiciones visuales de Panchimalco desde otro ángulo: los textiles, los patrones geométricos, los colores de la tierra. Comenzó a trabajar con papel, collage, dibujo y origami. Las formas que antes tallaba en piedra empezaron a surgir del pliegue. Círculos trazados con precisión, unidos por líneas rectas, como planos arquitectónicos o cartografías que revelan conexiones entre pasado y futuro. A esta línea de investigación la llamó Geometría sagrada.

El paso siguiente fue llevar la lógica del pliegue al metal. Con láminas de acero oxidado creó esculturas de gran formato: formas angulares que interrumpen el espacio, suspendidas entre lo orgánico y lo geométrico. En el texto curatorial de la exposición Geometría sagrada, Walterio Iraheta las describe como "menhires contemporáneos" — estructuras que parecen marcar un camino, como lo hicieron las piedras verticales en la era del errabundeo nómada.

Dos exposiciones, un mismo momento

La posición actual de López Vega en la escena salvadoreña es singular. En noviembre de 2025, el MARTE inauguró A lomo de serpiente, su exposición individual en el marco de la Bienal Paiz 2025. La muestra — abierta hasta el 15 de junio de 2026 — pone en diálogo la herencia ancestral del territorio, la espiritualidad de las comunidades indígenas y el paisaje volcánico salvadoreño. Una individual en el museo más importante de El Salvador, dentro del programa de la bienal centroamericana con mayor trayectoria, para un artista de treinta y seis años que se formó en un taller comunitario de Panchimalco.

Simultáneamente, Geometría sagrada en Galería 1-2-3 presenta la fase que nace después de la piedra: el pliegue, el papel, el acero y la geometría como estructura del cosmos. La convivencia de ambas exposiciones permite ver, en tiempo real, los dos registros de un artista cuya práctica se ha expandido sin perder su centro: Panchimalco, la tierra, la herencia Nahua-Pipil, y una producción que no necesita códigos ajenos para ser contemporánea.

Por:  
Staff Galeria 1-2-3

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