CROMA 2026, una bienal con funciones de museo

El modelo que se consolida en Costa Rica

Staff Galeria 1-2-3
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19.09.2026

El 14 de septiembre de 2026 se hicieron públicos los nombres de las cuarenta obras seleccionadas para la tercera edición de CROMA – Bienal de Arte, el certamen que organiza el Costa Rica Country Club en su Galería Matices. El anuncio llega tras una selección presencial celebrada durante la segunda semana de septiembre, en la que el jurado redujo a cuarenta un conjunto de cien obras previamente filtrado por vía digital. El dato que define el certamen no está en el calendario sino en las bases. El primer premio consiste en 7.000 dólares y una exposición individual en el club durante octubre y noviembre de 2027, y es un premio de adquisición: al inscribirse, el artista acepta que la obra ganadora pase a formar parte de la colección privada del Costa Rica Country Club. El certamen no distingue entre reconocer y comprar. Las dos operaciones ocurren en el mismo acto. Esa mecánica, que en el circuito internacional se ha vuelto habitual en los últimos años, tiene en Centroamérica implicaciones distintas, donde la infraestructura pública de adquisición es escasa.

Un calendario largo para un certamen de cuarenta obras

La convocatoria de CROMA 2026 abrió el 2 de marzo y cerró el 1 de agosto, cinco meses de plazo para un tema formulado con amplitud deliberada: Retratos: Más allá del rostro. Las bases precisan que la obra no necesita incluir un rostro ni una figura humana, y proponen el retrato como forma de revelar memoria, territorio, vínculos o herencia cultural.

El proceso avanzó por descarte sucesivo. Durante la segunda y tercera semana de agosto, un primer corte virtual redujo las propuestas a cien, y a esos artistas se les pidió llevar físicamente la obra al club. De ese centenar salieron las cuarenta que se exponen y los tres premiados, todo decidido en la misma sesión presencial. La inauguración y la premiación se celebran el 8 de octubre; el desmontaje, el 26 de noviembre.

Junto al primer premio, la bienal otorga 3.000 dólares al segundo lugar y 1.000 al tercero, sin cláusula de adquisición en ninguno de los dos casos. Las técnicas admitidas excluyen video, instalación, performance y materiales perecederos, una restricción que orienta el certamen hacia obra transportable, colgable y, en consecuencia, coleccionable.

La escala del concurso se ha movido. La convocatoria inaugural, en 2022, reunió 314 propuestas, de las que se expusieron 45. La segunda edición recibió 150 obras y seleccionó 29 finalistas, según informó el medio costarricense Delfino, con premiación el 3 de octubre de 2024 y primer lugar para Johnny Varela por En algún lugar. Menos propuestas, criba más severa.

Un jurado regional para un certamen nacional

CROMA solo admite artistas costarricenses o residentes en Costa Rica. Su jurado, en cambio, es centroamericano. Lo integran la panameña Mónica Kupfer, el salvadoreño Jaime Izaguirre y el costarricense Gary Hior.

Kupfer es doctora en Historia del Arte con especialización en arte latinoamericano, fue la primera curadora del Museo de Arte Contemporáneo de Panamá y cofundadora y directora de la Bienal de Arte de Panamá, que se celebró en ocho ediciones entre 1992 y 2008. Dirige desde 1999 la Fundación Arte y Cultura y ha sido curadora de los pabellones nacionales de Panamá en la Bienal de Venecia de 2024 y 2026.

Izaguirre es director artístico del Museo de Arte de El Salvador (MARTE), donde firmó la exposición semipermanente Trópico Telúrico, y en junio de 2026 fue anunciado como jurado internacional de esta edición. No es la primera vez que un salvadoreño ocupa esa silla: el jurado de 2024 estuvo formado por Gladys Turner (Panamá), Patricio Majano (El Salvador) y Rachel Mohl (Estados Unidos).

Quién paga la validación cuando no la paga el Estado

La comparación con el circuito internacional resulta instructiva. El Armory Show, que se celebra en el Javits Center de Nueva York del 24 al 27 de septiembre, estrena este año premios de adquisición dotados con 20.000 dólares para el Pérez Art Museum Miami y 15.000 para el Bronx Museum. Allí la feria aporta el dinero y el museo público se queda la obra. La transacción termina en una colección de acceso público.

En CROMA el circuito se cierra hacia dentro: el club financia el premio y el club conserva la obra. Nada en las bases lo oculta, y la fórmula es coherente con una plataforma que se define como espacio de proyección profesional para artistas nacionales y residentes. La tercera edición amplía además el perímetro. A la exposición central se suman espacios expositivos satélite fuera del club y un programa académico con conversatorios, encuentros con artistas y actividades formativas. Son funciones que en otros contextos asume un museo.

CROMA está dirigida por Katrin Aason Bucher, artista visual que preside el Comité de Arte y Cultura del Costa Rica Country Club y que el 18 de mayo de 2026 asumió la dirección del Museo de Arte Costarricense por nombramiento del Ministerio de Cultura y Juventud. Izaguirre juzga desde la dirección artística de un museo salvadoreño. Un ecosistema pequeño distribuye a las mismas figuras entre la institución pública y la plataforma privada.

Ese solapamiento es, a la vez, la fortaleza del modelo centroamericano, garantizando criterio experto. Cuarenta obras se colgarán el 8 de octubre y una de ellas cambiará de propietario esa misma noche. ¿Cuántas colecciones de la región se están formando ahora mismo con obra que entró por la puerta de un certamen?

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