Al observar el horizonte cultural que se dibuja para el 2026, notamos un cambio de frecuencia. Si los años anteriores estuvieron marcados por la velocidad, el próximo ciclo parece invitar a la pausa. Tomando como base los análisis globales de instituciones como Maddox Gallery y Artsy, hemos destilado algunas de las corrientes que definirán la estética del año entrante.
Más allás de identificar estas tendencias, lo revelador ha sido descubrir cómo, durante este 2025, artistas como Katrin Aason, Carlos Villabón, Abel Amaya, Aimee Joaristi o Tomás Carranza ya andan rondando estos caminos.
En una era dominada por la inteligencia artificial y las pantallas lisas, el ojo humano anhela la imperfección de la materia. Reportes de tendencias como el de PIPA Fine Art sugieren que el 2026 será el año de la "Hiper-tactilidad" (Hyper-Tactility): el deseo de obras que, aunque visuales, evoquen el sentido del tacto mediante pigmentos crudos, textiles y relieves geológicos.

Esta búsqueda de lo orgánico ha sido el corazón de exposiciones como la de Katrin Aason, que tuvimos en nuestras salas en octubre de 2025, El pigmento revela, la tierra recuerda. Al renunciar al color sintético para trabajar con tierra y pigmentos naturales, Aason no solo pintó, sino que esculpió superficies. Su obra nos recuerda que el cuadro es un objeto vivo, alineándose con esa necesidad global de "poner los pies en la tierra" nuevamente.
La realidad se ha vuelto compleja, y el arte responde distorsionándola. Plataformas como Hyperallergic y la misma Maddox Gallery apuntan al resurgimiento de un surrealismo que no busca solo lo onírico, sino lo psicológico. Se trata de retratos y figuras que se desdibujan, cuestionando nuestra identidad en tiempos de incertidumbre y desequilibrio.
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Un gran referente dentro de este movimiento ha sido Carlos Villabón en su actual muestra Segunda Piel. Al pintar figuras envueltas en plástico, Villabón crea una "membrana ambigua". No es solo un juego técnico; es una metáfora visual sobre cómo nos protegemos y, a la vez, nos l. Del mismo modo, la exposición Primer contacto (agosto 2025) de Abel Amaya exploró este territorio desde el color febril, deformando la memoria pop para crear una narrativa visual intensa y personal.

El arte abstracto en 2026 deja de ser puramente formalista para volverse narrativo. Según Artnet, los coleccionistas y curadores buscan abstracciones que escondan historias, mapas mentales o "arqueologías" personales. Es la abstracción entendida como un lenguaje para reescribir la historia propia.

En marzo de 2025, Aimée Joaristi nos presentó Incunables. Su obra encaja perfectamente en esta tendencia: lienzos que funcionan como palimpsestos, donde la identidad migrante y la memoria se superponen en capas. Joaristi nos demostró que la abstracción puede ser un "incunable" —un libro previo a la imprenta, único y frágil— donde se traza el mapa de quiénes fuimos.
Finalmente, el reporte de tendencias de CasaCor predice un "Renacimiento de la Latinidad" para 2026, enfocado en la revalorización de técnicas ancestrales (como el tejido) integradas al arte contemporáneo de alto nivel.

Entre nuestros artistas, Tomás Carranza, se adelantó magistralmente a esta corriente, al incorporar el concepto del telar y el bordado sobre lienzo, Carranza no solo añade textura, sino que conceptualiza el tiempo no como una línea, sino como una trama. Su obra confirma que el arte centroamericano no sigue tendencias, sino que las gesta desde su propia tradición.
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El 2026 promete ser un año de profundidad. Las tendencias globales nos invitan a mirar hacia adentro (psicología) y hacia el pasado (memoria y tejido), a poner los pies en la tierra (textura y tacto). En Galería 1-2-3, nos enorgullece ver cómo nuestra programación de 2025 ha servido de prólogo para estas conversaciones globales.